La interconexión entre las competencias interculturales y el apoyo a la salud mental

Publicado el 20 de enero de 2026
El apoyo a la salud mental no tiene lugar en un vacío cultural. A medida que las sociedades se diversifican, las diferencias en los estilos de comunicación, los valores y las experiencias vividas determinan cada vez más las relaciones y los resultados terapéuticos. Este artículo explora cómo la competencia intercultural es esencial para proporcionar una atención de salud mental eficaz y equitativa, y cómo los malentendidos -a menudo sutiles- pueden tener consecuencias significativas.

Escrito por Naara Scheumann

Un ejemplo de malentendidos interculturales

En Episodio 2 del Lifeswap Series de YouTube, vemos cómo las sutiles diferencias interculturales pueden a veces dar lugar a malentendidos. Jörg, un alemán que vive en Nueva Zelanda, llama a su amigo Duncan, que es neozelandés, para pedirle consejo sobre un conflicto en su piso compartido. Después de que Jörg le dijera directamente a su compañero de piso que el paño de cocina “apestaba” y había que cambiarlo, éste se sintió herido y ofendido. Desde el punto de vista de Jörg, simplemente estaba describiendo la situación y ofreciendo una solución práctica.

Duncan explica que muchos Kiwis (personas de Nueva Zelanda) tienden a evitar la confrontación directa y prefieren un estilo de comunicación más indirecto y considerado. Ayuda a Jörg a entender cómo expresar sus necesidades de un modo que suaviza las críticas y preserva la armonía en las relaciones.

Lo que vemos en este ejemplo es una diferencia en lo que la psicología cultural llama estilos de comunicación (Guo, 2020). Que las personas se comuniquen de una forma más lineal y basada en la información, como Jörg, o con un enfoque más centrado en las relaciones interpersonales y un estilo más indirecto, como Duncan, puede estar muy influido por el trasfondo cultural del que proceden. Los estilos de comunicación son sólo un ejemplo de las diferencias interculturales que condicionan nuestras interacciones cotidianas cuando se reúnen personas de distintas culturas.

Pero empecemos por el principio.

¿Qué es la cultura?

La cultura es un fenómeno omnipresente que puede influir en nuestra forma de pensar y comportarnos como individuos. Una definición citada a menudo describe la cultura como “un conjunto difuso de supuestos y valores básicos, orientaciones vitales, creencias, políticas, procedimientos y convenciones de comportamiento que comparte un grupo de personas y que influyen (pero no determinan) en el comportamiento de cada miembro y en sus interpretaciones del ‘significado’ del comportamiento de otras personas” (Spencer-Oatey, 2008, p. 3).

En otras palabras, todos estamos influidos por la cultura en la que vivimos, aunque sea difícil identificar claramente qué caracteriza exactamente a nuestra propia cultura. Como dijo Kluckhohn, “Difícilmente serían los peces quienes descubrieron la existencia del agua” (citado en Wolcott, 1975).

En el caso de Jörg y Duncan, podríamos decir que son como “dos peces de dos peceras diferentes”. Para interactuar con éxito y positivamente entre culturas, Jörg amplía su _competencia intercultural_ con el apoyo de Duncan. Pero, ¿es la competencia intercultural sólo relevante en encuentros internacionales o interétnicos, como en la relación de Jörg y Duncan?

En un principio, se pensaba que la competencia intercultural estaba relacionada principalmente con las interacciones interétnicas (Sue et al., 1992). Sin embargo, investigaciones más recientes demuestran que los encuentros entre personas que difieren en cuanto a discapacidad, clase social, religión, edad e identidad sexual o de género también requieren una forma de competencia intercultural (Arredondo y otros, 1996; Israel y Selvidge, 2003; Lago, 2016; Moodley y Lubin, 2008). Todos estos factores conforman grupos sociales cuyos miembros comparten determinados valores, creencias, convenciones de comportamiento y formas de dar sentido a las cosas.

¿Por qué necesitamos competencia intercultural en la atención sanitaria mental? 

Varios acontecimientos sociales, como los procesos de migración y desplazamiento, así como la creciente visibilidad de las comunidades de lesbianas, gays, bisexuales, transexuales y queer (LGBTQ), han dado lugar a una mayor diversificación de los clientes en la atención de salud mental, y las personas migrantes, refugiadas y LGBTQ se enfrentan a una mayor vulnerabilidad a los problemas de salud mental (enlace a las entradas del blog de Toni y Taisa aquí). Esta evolución ha planteado retos tanto a nivel sistémico como individual.

A nivel sistémico, los sistemas nacionales de salud mental no suelen estar suficientemente equipados para responder eficazmente a esta diversidad de clientes en constante evolución. Las investigaciones demuestran que las poblaciones de inmigrantes y refugiados se enfrentan a mayores obstáculos para acceder a los servicios de psicoterapia y asistir regularmente a ellos (Derr, 2016; Lehti y otros, 2025; Von Lersner y otros, 2019). Además, se ha demostrado que los servicios de salud mental son menos eficaces y de menor calidad para los clientes inmigrantes, refugiados y pertenecientes a minorías sexuales y de género (Beard et al., 2017; Butt y otros, 2015). Entre las razones de ello se encuentran las lagunas en la investigación psicológica que perjudican a los grupos sociales de contextos no occidentales, educados, industrializados, ricos y democráticos (Wong & Cowden, 2022), así como la infrarrepresentación de psicoterapeutas procedentes de minorías en los sistemas de salud mental convencionales (Solomonov et al., 2025).

A nivel individual, los propios psicoterapeutas se enfrentan a nuevos retos cuando trabajan con clientes culturalmente diversos (Mak y Shaw, 2015). Muchos informan de sentimientos de incertidumbre o incluso agobio en estos encuentros terapéuticos. Por ejemplo, Kanakam (2022) descubrieron que los terapeutas a menudo experimentan ansiedad ante la posibilidad de decir o hacer algo inapropiado cuando se relacionan con clientes de entornos culturales minoritarios, y muchos expresaron la necesidad de disponer de más tiempo y espacio para reflexionar sobre cuestiones culturales dentro del proceso terapéutico. Estos sentimientos de inseguridad pueden llevar a los terapeutas a evitar iniciar conversaciones sobre cultura y etnia (Chang y Berg, 2009), aunque abordar estos temas es esencial para explorar experiencias como la elaboración de perfiles raciales o las actitudes antitransgénero en psicoterapia (Day-Vines y otros, 2018).

¿Cómo es la competencia intercultural en la atención sanitaria mental?

A nivel individual, Sue y colegas (1992) propuso que la competencia cultural de los asesores de salud mental consta de tres dimensiones: (1) creencias y actitudes, (2) conocimiento, y (3) competencias.

Esto significa que (1) los psicoterapeutas deben ser conscientes de cómo su propia cultura ha influido en sus creencias y actitudes, y respetar las diferencias culturales entre ellos y sus clientes; (2) deben poseer conocimientos sobre sus propios antecedentes culturales, sobre procesos como la discriminación y el racismo, y sobre cómo su estilo de comunicación puede diferir del de sus clientes; y (3) deben desarrollar habilidades prácticas para tratar eficazmente a clientes de grupos culturales minoritarios, por ejemplo, aplicando enfoques de intervención que sean especialmente significativos para una población específica.

La competencia intercultural también se ha conceptualizado a nivel sistémico (Kirmayer et al., 2012). Aquí, la competencia intercultural se entiende como una capacidad de las instituciones sanitarias, en la que los valores organizativos, el desarrollo del personal y las estructuras institucionales apoyan una atención eficaz y beneficiosa para diversos grupos culturales.

¿Cómo intenta abordar esto Iguality?

Como institución, Iguality demuestra competencia intercultural ofreciendo actividades de bienestar no sólo individuales, sino también en entornos comunitarios, con el fin de responder a la variedad de necesidades de clientes culturalmente diversos. Además, Iguality aplica específicamente muchas medidas y metodologías para fomentar la inclusión real y la diversidad en profundidad. En la práctica, los miembros de la comunidad pueden participar en la evaluación de las necesidades, así como en el diseño y la ejecución de las actividades, especialmente en los ámbitos deportivo y de pertenencia social. De este modo, la propia comunidad ayuda a dar forma a lo que se necesita para mejorar el bienestar colectivo.

Además, gracias al alto grado de diversidad de su personal administrativo y de los voluntarios psicoterapéuticos, el equipo de Iguality no sólo refleja con mayor exactitud la composición étnica y cultural de sus clientes, sino que también puede emparejar a psicoterapeutas y clientes en función de sus antecedentes culturales y lingüísticos. Por último, Iguality ofrece intervenciones de psicoterapia intercultural, con el apoyo de un experto en psicoterapia transcultural con amplia experiencia en este campo. Adil Qureshi, que dirige las sesiones de supervisión multilingüe de los voluntarios de psicoterapia de Iguality, es doctor en Psicología del Asesoramiento y tiene una larga experiencia en la enseñanza de la gestión transcultural, así como en la supervisión y formación en el contexto de la migración y la salud mental.

Todas estas características organizativas requieren psicoterapeutas que ya estén abiertos a las perspectivas interculturales y, al mismo tiempo, fomenten aún más sus competencias en este ámbito. Los psicoterapeutas que se unen a Iguality y resuenan con su compromiso con la inclusión y la igualdad de acceso a la atención de salud mental traen consigo el respeto por las diferencias interculturales, cumpliendo con la dimensión (1) de conciencia y actitudes de la concepción de Sue y colegas (1992). A través de su trabajo con colegas y clientes culturalmente diversos, siguen ampliando sus (2) conocimientos interculturales, por ejemplo en lo que respecta a los diferentes estilos de comunicación y experiencias vividas. Por último, la supervisión intercultural apoya el desarrollo de (3) habilidades interculturales, equipando a los voluntarios de psicoterapia para trabajar más eficazmente con clientes inmigrantes, refugiados, LGBTQ+ y otros grupos minoritarios.

Conclusión

La competencia intercultural no es un conjunto fijo de habilidades, sino una práctica continua de curiosidad, humildad y creación de relaciones. Del mismo modo que Jörg, en nuestro ejemplo del principio, aprendió a ver la comunicación desde una nueva perspectiva, los terapeutas y las instituciones de salud mental pueden aprender a escuchar a través de la diferencia de forma que se preserve la confianza y la eficacia de la atención. Cuando los clientes se sienten comprendidos no sólo como individuos, sino también como miembros de sus mundos culturales, la psicoterapia se convierte en un espacio en el que personas de todos los orígenes culturales se sienten más a gusto. Cuanto más nos comprometamos con esta labor, más cerca estaremos de un sistema de salud mental en el que todos, independientemente de su origen, se sientan vistos, seguros y bienvenidos.

Más información sobre el autor: Naara Scheumann

Naara es becaria de psicología en Iguality con un fuerte enfoque en la competencia intercultural y la atención a la salud mental inclusiva. Durante sus prácticas, contribuye al apoyo comunitario desde perspectivas transculturales y de justicia social.

Sobre el Autor

Naara Scheumann

Naara es becaria de psicología en Iguality con un fuerte enfoque en la competencia intercultural y la atención a la salud mental inclusiva. Durante sus prácticas, contribuye al apoyo comunitario desde perspectivas transculturales y de justicia social.

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